"Y ESTO ERAN ALGUNOS DE VOSOTROS"

1 Corintios 6:11

Por Jim Mattison

 

      Pablo hablaba de pecados que mantendrían a la gente fuera del Reino de Dios.  Él mencionó algunos pecados muy serios, como los cometidos por fornicadores, adúlteros, homosexuales, ladrones, codiciosos, bebedores, injuriadores, y estafadores.

 

     Pablo decía que en tanto que Dios vea a una persona haciendo estas cosas, Él no le permitirá a esa persona entrar en Su reino, el cual Su Hijo Jesús establecerá en la tierra cuando él regrese.

 

     Él añade a esa lista en Romanos 1: Gente que no reconoce a Dios, que son envidiosas, cometen asesinato, son antagónicas, chismosas, blasfemos de Dios, calumniadores insolentes, arrogantes, jactanciosos, desobedientes a los padres, sin entendimiento, no confiables, desamorados, y despiadados.

 

     Luego Pablo aclara a los cristianos en Corinto lo siguiente: “Esto eran algunos de vosotros.”  Luego él añade una palabra tan maravillosa de consuelo, paz, y esperanza: “¡Mas vosotros fuisteis lavados, mas vosotros fuisteis santificados, mas vosotros fuisteis justificados en el nombre del Señor Jesucristo, y en el Espíritu de nuestro Dios!”

 

     Note el gran significado de la palabra “Mas”.  Ésta quiere decir “así y todo”, u, “contrario a esto”.  Aquí hay un contraste.  Mientras practicamos estos y otros pecados, somos indignos de Dios y de Su reino eterno futuro de amor, justicia, y paz.  PERO cuando fuimos lavados, santificados, y justificados por nuestro Señor y Salvador Jesús, Dios ya no nos considera que somos pecadores. Nuestros pecados fueron removidos por nuestra aceptación del sacrificio de Jesús en la cruz por nuestros pecados.

 

     Esto quiere decir que cuando tenemos por entendido que somos pecadores indignos de vida eterna, y nos arrepentimos, y somos bautizados en Cristo para el perdón de nuestros pecados, somos personas “nuevas” en los ojos de Dios y a los ojos de Su pueblo.  No más son esos pecados tenidos en contra de nosotros.  Han sido perdonados.  ¡Alabado sea Dios!

 

     Note otra vez la frase “y esto eran algunos de vosotros”.  Somos todos pecadores hasta que seamos lavados. Pero cuando somos lavados, limpiados, y justificados por nuestro Señor Jesús, Pablo dice que somos “nuevas criaturas” (2 Cor. 5:17).  Los viejos caminos han pasado.  Una nueva manera de vivir está dirigiendo nuestra vida, una manera donde le permitimos a Dios dirigir nuestras vidas por Su  Palabra y Su Espíritu.

 

     Tengo una placa en mi estudio que dice, “Déjelo ir y permita a Dios.”  Me refiero a eso a menudo, pues nosotros ahora queremos que DIOS guíe y dirija nuestras vidas.

 

     De modo que eso nos trae a esta situación en nuestras vidas – cuando mi hijo (adulto o de otra manera), o algún cristiano que nosotros conocemos, comete un error, ¿cuál debe ser mi reacción? Nuestro primer pensamiento puede ser horror, decepción, o condenación.  ¿Cómo pudo él o ella hacer esto después de que se le enseñó los caminos de Dios?  ¿No debemos nosotros  tener nada que ver con esa persona?  ¿Le desheredamos? ¿No le ofreceremos a él o a ella ningún apoyo? 

 

     Nuestra conducta, mientras enfrentamos este reto, debe ser lo que haría Cristo en esta circunstancia.

 

     Piense en cómo manejó Cristo este problema cuando los fariseos le trajeron ante Él a la mujer sorprendida en adulterio, deseando matarla a pedradas.  Él se encorvó y escribió en la arena. Finalmente él dio Su respuesta: “Él que está sin pecado, déjenle tirar la primera piedra”. Todos ellos se fueron, desde el más viejo hasta el más joven, dejando sola a la mujer pecaminosa con Jesús.  Él le dijo a ella, “ve, y no peques más”.  ¿No sabe usted que ella estaba asombrada frente al giro de los acontecimientos?  Jesús vino no a destruir,  sino para levantar, ofrecer perdón y salvación.  Él nos dijo que “no juzgáramos, no sea que seamos juzgados.”

 

     No sabemos si nuestro hijo, o aquel otro cristiano, ya se ha dirigido a Dios y le haya pedido perdón.  Si él o ella ha sido criado bien – para buscar el rostro de Dios y obedecerle – podemos esperar que él o ella le haya pedido a Dios perdón.  Lo que no debemos hacer es condenarlos.  La condenación es el trabajo de Dios, no el nuestro. Nuestro trabajo es: “Restaurar al tal en un espíritu de mansedumbre, considerando a vosotros mismos no sea que vosotros también sean tentados” (Gálatas 6:1,2).  Restaurar significa volver a una anterior condición.  ¿Cómo restauramos a alguien?  Por el amor.  Por la bondad.  Por la ternura.  Por la misericordia.  El verso dice “en el espíritu de mansedumbre”.

 

     Un hombre en nuestra iglesia una vez cometió un pecado.  Llegué al punto donde aún no quise aceptar su mano. Pero pensé acerca de eso – ¿Es ésta la forma correcta de obrar?  Cuanto más que él continuó tratando de ser un buen miembro de la iglesia.  Así es que cambié mi actitud de crítica y condenación por uno de bondad y mansedumbre.  Sacudí su mano, le pregunté cómo estaba desempeñándose él.

 

     Cuando nuestro hijo obra mal, cómo actuamos?  ¿Gritamos, discurseamos, deliramos, y condenamos?   ¿O les decimos amablemente que cometieron un error, pero que todavía los amamos?  ¿Los abrazamos en nuestros brazos y los soportamos en conjunto?

 

     Recuerde al padre del hijo pródigo. Cuando el hijo regresaba a casa, su padre le vio venir de lejos (él estaba deseoso de que él regresara), su padre “sintió compasión por él, y corrió, le abrazó, y le besó, “mientras el hijo le decía que él no era digno de ser su hijo.  Pero el padre le amó, le honró, e hizo un festín, diciendo, “Este hijo mío estaba muerto, y está vivo otra vez; Él se perdió, y es hallado.” 

 

     Este es un buen ejemplo para nosotros. Abrazarse y apoyar a los hijos es usualmente mejor que el criticarlos y condenarlos.  Una palabra de alabanza hace maravillas.  Me acuerdo de que son todavía nuestros hijos aun cuando se hayan tornado mayores.  Todavía necesitan nuestro amor y apoyo. Podemos continuar mostrándoles el camino correcto.

 

     Nunca debemos olvidar que fuimos una vez pecadores y que nosotros somos sólo considerados como dignos ahora por la sangre de nuestro Salvador y teniendo el Espíritu DIOS.

 

Jim Mattison

El Estudio de la Biblia con Harley

 

 


 
Éxitos, grandes clásicos y novedades. Un millón de canciones en MSN Music.